CRÍTICA DE LA MOTIVACIÓN ADQUISITIVA (II) ¿TENEMOS ALTERNATIVA?


La motivación adquisitiva, en cuanto impulso por alcanzar la ciudadanía económica, afecta sobre todo a aquel sector mayoritario de la sociedad que denominamos “clase media”. De allí su importancia como motor económico, pues prolonga la sensación de carencia -de que “algo nos falta”- muy por encima de la línea de pobreza, instigando al consumo de múltiples bienes y no sólo de aquellos que otorgan algún poder efectivo.

La dinámica de la innovación y de la carrera tecnológica estimula y refuerza considerablemente la motivación adquisitiva, pues desplaza la ciudadanía económica en el horizonte. El ritmo de estos cambios es, de hecho, muy superior a la capacidad de asimilación cultural de la sociedad, y es por eso que se presentan dilemas éticos. Como sociedad, obtenemos el poder antes de saber para qué lo queremos. Por ejemplo, nos volvemos capaces de manipular el código genético antes de decidir si lo vamos a usar sólo para prevenir y curar enfermedades, o si también vamos a abrir la posibilidad de intervención al mercado, donde algunas personas querrán asegurarse de que sus hijos tengan determinadas características, como color de pelo o habilidades matemáticas.

¿Es razonable permitir que los individuos de una sociedad, cuyos grados de conciencia y responsabilidad varían sin que podamos garantizar un mínimo moral, tomen decisiones que a la larga influirán en el patrimonio genético de la especie? ¿No se corre el riesgo de empobrecer este patrimonio, sujetándolo a una hegemonía arbitraria de ideales?

La dinámica adquisitiva y la carrera por la innovación conducen a la sociedad a desarrollarse en sentido cuantitativo, más que cualitativo, esto es, al crecimiento económico. Como consecuencia, se produce una intensa presión sobre el medio natural, que no puede ser sostenida indefinidamente. Por esta razón, no es utópico sino bastante realista preguntarse si la economía puede sostener una dinámica que no esté basada en la motivación adquisitiva, ni en la innovación acelerada.

No es realista, sin duda, pensar que la economía pueda encontrar esta dinámica alternativa en el ámbito de la planificación estatal, como pretendían los regímenes socialistas. También debemos descartar la ética y la moral como fuentes de motivación, en tanto que suponen la disciplina y la restricción voluntaria del interés individual en favor de un interés común. Ambas alternativas suponen una regresión histórica, antes que una nueva síntesis evolutiva.

2 comentarios:

David Rojas Elbirt dijo...

Barry Schwartz, en TED, da un repaso de su libro sobre las paradojas de un mundo donde las opciones crean una complejidad adicional a la toma de decisión en sí, y cómo el placer y la motivación inherentes al acto de compra se van deslavando de sentido y crean más bien una sensación in crecendo de insatisfacción con las decisiones en tanto consumidor.
Para quienes estén interesados, aquí va el video al respecto. Y en parte es mi propio fundamento por querer vivir una vida frugal.

David Rojas Elbirt dijo...

Aquí está el comentario inspirado en la crítica de la motivación adquisitiva, de Victor Alan. http://wontwriteaboutthis.blogspot.com/