Nuevas Tecnologías, Viejas Etnografías. Objeto y método de la antropología del ciberespacio

Por: Joan Mayans i Planells*

INTRODUCCIÓN / RESUMEN


El presente texto pretende ser una presentación de un área de trabajo en antropología al que podríamos denominar 'ciberantropología' o 'antropología del ciberespacio' de aún escasa trayectoria en lengua castellana, a pesar de su indudable interés socio-antropológico. En él, se abordan diversas problemáticas teóricas y metodológicas al respecto de la 'ciberantropología'. Concretamente, y después de unas líneas introductorias, discutimos aspectos referentes al 'Objeto' y la definición de la 'antropología del ciberespacio'. En un segundo bloque, se presentan algunas consideraciones referentes al método y las técnicas a utilizar en la práctica de la 'etnografía del ciberespacio'.


Definir la Antropología como la disciplina (quizá incluso ciencia) que se ocupa del Otro podría ser una de aquellas pocas afirmaciones de consenso hallables en el interior del gremio. En esa carrera en pos del Otro, le hemos imaginado, construido, destruido e incluso deconstruido de mil modos distintos, en una relación un tanto esquizofrénica.


Al Otro Distante lo exotizaron los exploradores y lo blanquearon los misioneros. Lo inventó el funcionalismo, lo esencializó el culturalismo y lo lloró Lévi-Strauss. Los post-modernos celebraron ese llanto y los anti-post-modernos denostaron la celebración del llanto, enredándose en una madeja de cada vez mayor ensimismamiento.


La globalización, el FMI y demás instituciones y multinacionales acólitas han tamizado al Otro para su conversión a la sociedad del consumo. Las ONGs y similares le han convertido en el Prójimo (reeditando la vieja tradición catequizante de la antropología) y, de paso, lo han barnizado de un nuevo exotismo kitsch, al imprimir su rostro en millones de camisetas, llaveros y otras chucherías. La Antropología jamás ha sabido muy bien qué hacer con el Otro, aparte de ocuparse de Él.


La Escuela de Chicago tuvo el mérito de descubrir al Otro deambulando por sus calles y agolpándose tras los escaparates del centro comercial de la esquina. Abrió la veda del Otro Próximo; Goffman y los etnometodólogos llevaron la cacería a sus límites lógicos, al enfocar al Otro que reside en cada uno de Nosotros (2).


Hay quien piensa que la Escuela de Chicago tan sólo se aprestó a observar la realidad social que le circundaba. Y que lo hizo porque lo que tenía ante sus ojos era, hasta cierto punto, sorprendente y novedoso: el cóctel de 'culturas' que la Revolución Industrial había llevado la 'ciudad ventosa'. Así, fueron las palpitantes transformaciones sociales (más que ningún tipo de 'avance' epistemológico) que tenían lugar a las puertas mismas de la Universidad de Chicago las que provocaron el cambio de paradigma socio-antropológico que supuso el descubrimiento del Otro Próximo.


La antropología no debería avergonzarse de ser una disciplina parásita de la realidad y las transformaciones sociales. En los últimos años estamos asistiendo a una nueva revolución tecnológica masiva. Internet y las comunicaciones mediadas por ordenador (CMO) han alterado, en menos de un decenio, las costumbres comunicativas, expresivas, lúdicas, laborales, económicas, políticas y culturales de un gran segmento de la población (occidental).


Entrar en valoraciones sobre el alcance de esta revolución tecnológica o sobre la pertinencia misma de considerarlo una 'revolución' es tan complicado como polémico, además de estar cojo de la necesaria perspectiva histórica que toda valoración de este tipo requiere. Las diatribas al respecto son abundantes y encarnizadas. Apologetas (3) y denostadores (4) del impacto social que suponen/supondrán las CMO se atacan y desprestigian sin cesar, arrojándose mutuamente promesas milenaristas y temores milenarios.


También hay, aunque cada vez menos, quienes piensan que todo esto no es más que un delirio pasajero de poca monta. Aún recordamos, si se nos permite el exabrupto, las palabras de David Harvey, calificando Internet simplemente como 'un teléfono muy sofisticado'. No obstante, no es en el campo de las valoraciones donde la antropología tiene algo que decir. La etnografía se ocupó profusamente del Otro Distante antes de que una revolución tecnológica y la urbanidad contemporánea le empujaran a ocuparse también del Otro Próximo.


La 'revolución' digital, Internet y las CMO nos traen un regalo -quizá envenenado- en la forma del Tele-Otro o del Ciber-Otro. De nuevo, una revolución tecnológica -que tiene también mucho de urbano- produce el suficiente movimiento socio-cultural como para que podamos parasitarlo/etnografiarlo sin ningún sonrojo. Escribió Norbert Wiener, el padre fundador de la cibernética, que "el pensamiento de cada época se refleja en su técnica" (1998: 64). Por ello, no tiene nada de extraño que el pensamiento antropológico actual se dedique seriamente a estudiar precisamente esos reflejos que la (ciber)técnica y la (ciber)sociedad contemporáneas proyectan la una sobre la otra.




* Mayans i Planells, Joan, 2002, "Nuevas Tecnologías, Viejas Etnografías. Objeto y método de la antropología del ciberespacio". Fuente Original: Revista Quaderns de l´ICA, 17-18, pp. 79-97. Disponible en el ARCHIVO del Observatorio para la CiberSociedad en http://www.cibersociedad.net/archivo/articulo.php?art=23

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